(Análisis) Chantelise

La atadura de los precios capitalistas de la tendera para que así estemos limitados -a no ser que seamos unos cansinos que se aburren más que una ostra como para repetir la misma mazmorra una y otra vez sólo para, por cabezonería hacernos con más ferromín (eso o que somos tan mantas que sin un poco más de vida nos vemos incapaces de avanzar)- no sólo está para comprar cosas, sino para venderlas… y desde luego, no a nuestro favor. Cada vez que vendamos un objeto, éste bajará su valor y se nos irá pagando cada vez menos por ello. La ley de la oferta y la demanda es muy poderosa y hasta en un juego podremos sentirnos estafados. Realismo a más no poder, que se dice en estos casos.

Si aún no hemos contado nada sobre su historia es porque es como si esta no existiera y además tal como es el juego con su entretenimiento basado en ir de mazmorra a pueblo y de pueblo a mazmorra, tampoco es que sea necesario, a pesar de que estaría bien que la hubiera más allá de tener a Chantele y Elise vagando por ahí en busca de aventuras sin una pequeña narración o algo que nos llene argumentalmente, porque aunque jugablemente no esté mal el matar a enemigos, coger tesoros y currárselo para poder seguir adelante porque fácil, lo que se dice fácil, no es… no estaría de más que hubiera algo más.

Todo podría resumirse de hecho en estamos en una mazmorra, vamos a la ciudad, volvemos a la mazmorra para ir de nuevo a la misma ciudad y así hasta finalizar con el juego. Vale, esto está un poco exagerado, pero para que todo el mundo se haga una idea de que no tiene una historia muy elaborada y que todo son simplemente excusas para ir de mazmorra en mazmorra pasando por la ciudad para abastecernos o vender lo que nos sobre.

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