[Crítica] Resident Evil: una partida en Racoon City en la gran pantalla
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El caos se extiende con la adaptación de Cregger de Resident Evil.
Desde hace unas semanas se encuentra en cartelera una nueva adaptación de Resident Evil. Esta vez el director es Zach Cregger, conocido por otros filmes de terror como Barbarians o Weapons. El sello personal de este creador es el de mezclar la incomodidad con el humor y algún que otro momento absurdo o pintoresco donde el espectador esboce una sonrisa pensando en lo idiota que es el personaje que está en pantalla. En Resident Evil también tira de esto tan suyo y tenemos momentos de tensión y escenas más relajadas o incluso cómicas.
Todo comienza en un hospital, el protagonista, Bryan, trabaja como repartidor de órganos. Está en la que cree que es su última entrega y, en cuanto finalice, se larga a casa con su novia. Ella justamente está asustada porque se ha quedado embarazada y no sabe qué hacer sólo que quiere el apoyo de quien de primeras no se lo toma del todo bien. Esa llamada supondrá una presión añadida y será el nexo con la realidad mundana más allá de aquello con lo que se va a encontrar al poco de aceptar otro encargo, uno que está a las afueras en un lugar llamado: Raccoon City. Le advierten que es peligroso llegar hasta allí con la tormenta de nieve y que si su vehículo no está bien preparado, que buscarían a otra persona, pero el hecho de que le hayan prometido previamente que se le pagaría mucho más que habitualmente le hace lanzarse a la piscina sin dudar. No hace falta ser un lince para deducir que las cosas le van a ir mal; para empezar porque estamos viendo Resident Evil, para seguir porque le han mandado nada menos que a Raccoon City que, incluso sin haber jugado o no tener ni idea de absolutamente nada al respecto, la pausa tras pronunciar el nombre y el cómo se entona este mientras la cámara cambia, dejan cero dudas.
No hace falta ser fan de los juegos para disfrutar de la película.
Desde el primer momento la cámara persigue a Bryan como si fuera el personaje al que estamos controlando con un mando. Aunque él toma las decisiones (varias erróneas) da la sensación de que estemos ante una entrega completamente diferente de Resident Evil. Es un survival horror hecho película por los planos y un buen número de detalles que dan esa sensación. Para empezar, es alguien completamente inexperimentado que se encuentra de bruces con un problema que va en aumento, los enemigos van siendo más peligrosos según avanza la trama y hasta tiene enfrentamientos con jefazos y momentos tensos y ridículos que siempre han estado asociados con la saga. También, de primeras está desarmado, pero después va consiguiendo diversas armas, cada vez más letales, aunque no por ello el personaje sabe usarlas adecuadamente. De hecho, en otro paralelismo con los videojuegos, tiene miedo a quedarse sin munición y se frustra cada vez que malgasta balas sin conseguir sus objetivos.

Para sorpresa de nadie, en las proximidades de Raccoon aparecen los infectados. Cada vez los zombies serán más numerosos y duros de derrotar, pero, al igual que en un videojuego, tampoco hace falta aniquilar a todos: lo que prima es la supervivencia y quién sabe si Bryan estará capacitado para ello. De primeras es un chaval corriente, más bien torpe, capaz de maldecir varias veces por minuto. Si hubiéramos contado las veces que pronuncia "joder", nos habríamos cansado bien rápido.
Quizás lo más interesante de esta adaptación sea precisamente que bebe de los juegos, pero al mismo tiempo va por libre en el sentido de que no utiliza a ninguno de los personajes populares de la saga como Ada, Chris o tantos otros. Cregger, además, no había visto las películas anteriores para no contaminarse inconscientemente de ellas y dar una visión que no estuviera condicionada por ello.
Cada escena prácticamente parece llevarnos a una pantalla diferente de un videojuego. Resident Evil funciona perfectamente como película, pero además, repetimos, nos da la sensación en todo de que de momento ha salido de un juego, aunque la historia y personajes sean inéditos. Toma cosas de aquí y allá que son guiños buenos para los fans de la saga y que incluso quienes no lo somos (aún) los reconocemos, pero para quien no sepa absolutamente nada de la ciudad o de Umbrella también están perfectamente dentro como producto de terror cinematográfico. De hecho, Cregger no estaba convencido de que desde Capcom le fueran a aceptar el proyecto y, por eso, lo escribió de manera que quitando un par de cosas le sirviera para cualquier otra película que no fuera Resident Evil, pero que nos recordase inevitablemente a ello.
Los combates, las persecuciones y demás, unidas a un personaje poco hábil dan lugar a situaciones grotescas y absurdas. La simbiosis de lo humano del personaje, que se preocupa por los demás, pero al mismo tiempo está aterrado y busca sobrevivir nos han mantenido enganchados. El ritmo, la imagen y el sonido también nos han parecido más que correctos; a fin de cuentas, no achacamos sensación de malestar alguna salvo lo buscado de manera consciente por su creador al meter momentos desagradables que, por otra parte, eran esperables en un film de zombies.
Recomendado para: fans del terror y el humor absurdo.
No recomendado para: quienes busquen algo colorido y alegre o tengan gran aversión por la sangre y las criaturas deformes.


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