[Análisis] Supipara – Alice the magical conductor – Chapter #02 – Spring has come!

De minori, creadores de (eden*ef ~the first tale~ y ef ~the latter tale~) nos acaba de llegar recientemente el segundo de los capítulos de Supipara – Alice the magical conductor –, una visual novel para todos los públicos que podemos adquirir desde Steam o la página web de MangaGamer y de la que recibimos el primer capítulo hace año y medio ya que ha costado un poco reunir el dinero necesario para que este proyecto saliera adelante. Para quienes no tengan claro el tema de cómo se financia Supipara, recordaremos que todo el dinero obtenido con las ventas de eden* fue para que el primer capítulo de Supipara y que ahora ambas cosas han hecho posible que tengamos este segundo. Sumando todo, podríamos llegar a tener el tercero, cuarto y quintos de que constaría la obra al completo una vez desarrollada, teniendo como peculiaridad que saldría antes en occidente que en Japón, su país de origen.

Si en el primer capítulo de Supipara conocíamos a Yukinari Sanada y a unas cuantas chicas de su entorno que serían importantes para él, en esta ocasión vemos que aún nos quedaba por ver a su hermana pequeña (aunque aparecía en la previa tras el final del anterior capítulo) y que así tengamos alguna escena familiar añadida y bromas cuando va con ella por Kamakura, esa ciudad costera próxima a Tokio donde se encuentra el Gran Buda.

En el anterior arco teníamos la ruta de Sakura, la prima de nuestro protagonista. Ahora le toca el turno a Hotaru, esa chica que es hija de un japonés y una francesa, su afición no es otra que la de estar continuamente atacando verbalmente a los demás dando sensación de creerse superior, pero que en el fondo prácticamente todo es fachada. Es vulnerable y dulce a su modo, aunque le cueste expresarlo y si bien esas cualidades ya se intuían desde el primer capítulo, ahora queda explicada al detalle su manera de ser. Queda claro que es toda una tsundere, término que se utiliza en la propia novela y que significa que es dura y borde, con su lado amable.

Los creadores de ef (cuya adaptación al anime corrió por parte de Shaft de una manera fidedigna) son unos especialistas en crear historias dramáticas perfectamente narradas y con un apartado visual a la altura. Lo vimos en sus anteriores obras (citadas al inicio de este texto) y también es algo que apreciamos en el anterior capítulo de Supipara y en este mismo, donde no sólo tenemos unas imágenes preciosas coloridas y llenas de detalles en las que se nos regalan instantáneas dibujadas de la ciudad de Kamakura, sino que su narración ágil no decae en ningún momento desde el instante en que vemos este nuevo comienzo de la estación del florecimiento, de la época en la que Yukinari encontrará, una vez más, esa tienda mágica de Alice. Tienda que no está a la vista de nadie, que está en mitad de un bosque donde tan solo llegan aquellos que tienen un deseo que formular, esos que serán clientes de nuestra bruja de nombre desconocido que ha optado por hacerse llamar como aquella joven niña que persiguió un conejo blanco y terminó viviendo grandes aventuras. Las dimensiones de las aventuras vividas por nuestra bruja son inabarcables; ni siquiera sabemos su edad real, pero lo que es seguro es que se muestra amable con todos, parece divertirse con las situaciones y siempre tiene ganas de continuar con las concesiones de deseos a cambio de recuerdos. Un pago variable en función de la magnitud de lo deseado. Su valor lo estipula ella misma de la manera que le parece más justo.

Tanto para los que pueda resultar chirriante la personalidad de Hotaru como para aquellos que la adoren, el relato que protagoniza nos deja constancia una vez más de que puede resultar peligroso que se te cumplan tus deseos, especialmente cuando no has hecho nada de manera activa por tu cuenta para ello, más que ir a pedírselo a una bruja. Perder tus recuerdos, tanto si son recientes como lejanos, es algo duro de asimilar, puede incapacitarte incluso o volverte más hermético. El precio por un deseo concedido, incluso en las veces estimado como bajo, en realidad tiene un valor incalculable y puede repercutir no sólo en la persona que ha deseado algo, sino especialmente en sus seres cercanos que son los que se dan más cuenta de hasta qué punto están cambiando por no recordar las cosas, de hasta qué punto puede doler que no sepan quién eres o que aquello que era tan importante les es desconocido, como si nunca hubiera ocurrido.

Supipara tiene una estructura según tenemos algunos aspectos por cuentagotas sobre una ruta común, centrándose cada capítulo en un relato separado que da fuerza al mismo tiempo al conjunto global. Como Sakura lo vimos, como Hotaru se fortalece aún más el tema de que a través de las posibilidades que te ofrece la magia, formules tu deseo, llevado por el pensamiento de que todo irá a mejor, sin tener tan en cuenta como se debería el peso de la pérdida de ese costoso pago a efectuar. El amor, como siempre, estará por encima de todo, mostrado también desde la bruja, un personaje que dice no posicionarse y que tan solo hace su trabajo, cuyas acciones y palabras demuestran su preocupación en ocasiones.

Recordamos que no tenemos decisiones que cambien el flujo de la historia, siendo por tanto una novela visual cinética. Nos encontramos con una ruta por cada capítulo y se deja entrever quién será la heroína del tercero, aunque no veremos nada más de Supipara hasta que el propio éxito de esta obra haga posible su llegada. Por falta de calidad no será, así que estamos seguros de que su popularidad ascenderá, tarde o temprano.

9,8

Conclusiones:

Supipara – Alice the magical conductor – Chapter #02 deja el listón tan alto como su antecesor. Los cambios entre escenas cómicas y serias le van que ni pintado, artísticamente es de diez y esa trama principal de la que astutamente tan solo dedican algunas líneas del total es cada vez más interesante. La ruta de Hotaru era equiparable a la de Sakura en cuanto a conocerlas y verlas interactuar con un protagonista que haría todo lo que estuviera en sus manos para ayudarlas incluso si ni ellas mismas supieran que están en un lío.

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